Perfil Domingo 21 de marzo 2010: Ciencia
Arizona Gáudino escribe: La presión por adaptarse a la tecnología
enferma
Los cambios tecnológicos parecen correr más rápido que lo que el cerebro
humano puede asimilar. En el intento por no quedarse afuera, mucha gente
empieza a padecer severos cuadros de estrés.

La diferencia entre cambios rápidos y cambios demasiado rápidos parece
trivial. Sin embargo, ese “demasiado” divide las aguas entre la salud y la
enfermedad, entre la adaptación y el estrés.
El tecno estrés es la incapacidad de enfrentarse a la tecnología de la
información y sus cambios acelerados “de un modo psicológicamente saludable”,
definió a PERFIL Mirta Laham, directora del Instituto de Psicocardiología, que
se encarga del estudio y la atención del paciente cardíaco. “O te adaptas o
mueres”, parece ilustrar muy bien esta definición. Según Laham, las consultas
por este tipo de estrés crecieron el 20% en los últimos cinco años.
Esta nueva patología puede aparecer bajo dos modalidades opuestas: por un
lado, como una aversión a la tecnología, que a veces se convierte en una
tecnofobia. Es más habitual en las personas de mayor edad, que apelan a
mecanismos de defensa del tipo “soy chapado a la antigua”, “esto no es lo
mío”. Pero el mundo tecnológico no está dispuesto a dejar escapar a nadie:
aunque no se trabaje, muchos turnos, trámites y otras gestiones hoy se
realizan únicamente por Internet y tarde o temprano habrá que vérselas con la
PC, o pedir ayuda a hijos o nietos. Para Laham, “aunque lo oculten, esto
provoca mucho enojo e impotencia y la sensación de haberse quedado atrás”.
En el otro extremo, se manifiesta como una identificación exagerada con la
tecnología; es el caso de las personas que “no se pueden despegar” de la
computadora, que están siempre tratando de ganar la carrera a la innovación,
que padecen si no tienen lo último.
El cambio es tan intenso y rápido que “genera estrés incluso en los que ya
se adaptaron”, señaló Daniel López Rosetti, presidente de la Sociedad
Argentina de Medicina del Estrés. “Nos preocupa porque está aumentando mucho
en los jóvenes”, dijo.
Una variante del tecno estrés es el síndrome de fatiga informativa: exceso
de información que paraliza el análisis y afecta la búsqueda de soluciones y
la toma de decisiones. Cuando la conexión es continua –computadoras hogareñas
siempre encendidas, celulares que no se apagan “por las dudas”– hay una
invasión a la intimidad que puede favorecer el desempeño, pero conlleva un
estado de alerta permanente.
Las causas que desencadenan el tecno estrés dependen en parte del tipo de
personalidad. “En general se trata de la personalidad tipo A: compulsiva,
dinámica, activa, con tendencia al logro, competitiva, intolerante a la
frustración, ansiosa y que ve en el entorno una amenaza constante”, enumeró
López Rosetti.
Estas personalidades “detonan” ante específicas causas ambientales:
imposibilidad y a la vez necesidad de asimilar los vertiginosos cambios
tecnológicos, lentitud de las computadoras, pérdida de datos, errores de la
programación, invasión de mensajes no deseados, caída del sistema, información
abrumadora y difícil de clasificar o presencia de virus, entre otras bombas de
tiempo.
Los primeros síntomas de que algo anda mal son pérdida de autoconfianza y
motivación para el trabajo, problemas en el rendimiento laboral y conflictos
en las relaciones interpersonales. A su vez, esto acelera el sistema simpático
y, explicó Laham, “ocasiona ansiedad, irritabilidad, problemas de memoria,
concentración, depresión, frustración e ira, sensación de vulnerabilidad y
hasta el síndrome de piernas inquietas. Así se va degradando la salud,
propiciando el desarrollo de gastritis, úlceras, problemas dermatológicos,
insomnio, hipertensión, hasta llegar al evento coronario”, indicó.
Consejo. Para aprender a surfear la tecnología sin necesidad de sumergirse
en ella (y mucho menos hundirse), López Rosetti recomendó “establecer los
propios límites en forma conciente. Pensar qué herramientas le alcanzan a uno
para su tarea y utilizar sólo esas. La eficiencia no debe enfermar”. Además,
aconsejó tener siempre en cuenta que “si se cae un programa, no cayó un tótem;
es sólo un programita”, minimizó.
Por su parte, Laham alentó a tolerar la frustración que provoca la
tecnología y en el caso de sentirse abrumado, buscar apoyo en la psicoterapia
para fortalecer la autoestima. La idea, siempre, es ser usuarios de la
tecnología y no sus esclavo
Directo al corazón : El tecno estrés está directamente ligado a las
tensiones que se viven en el ámbito laboral, y según las investigaciones del
Instituto de Psicocardiología, el 60% de los episodios cardiovasculares está
ligado a lo que pasa en la oficina. “Se ve más en los hombres, pero hay muchas
mujeres de 50 años, con buenos puestos, en las que el infarto aparece luego de
algún problema en el trabajo”, señaló Mirta Laham.
El paciente coronario, es decir, aquél que ya tuvo un infarto o que tiene
propensión a tenerlo o factores de riesgo como tabaquismo, colesterol,
hipertensión, comparte muchas caracterìsticas de personalidad con los que
padecen tecno estrés y lo hace más vulnerable a él. Según indicó Laham, esas
personas con tendencia a desarrollar algún problema cardíaco suelen tener un
estado de mayor irritabilidad que el resto, son muy ansiosas y caen en
arrebatos de ira y frustración. Paradójicamete, a esta última le tienen poca o
nula tolerancia. Fuente: Perfil.com
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