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La Nacion, 25 de mayo 2010, escribe Nora Bär:
Otro estudio experimental: Implantan células porcinas para controlar la
diabetes
El especialista neozelandés Bob Elliott lo probó en 13 pacientes
La causa de la diabetes tipo I, que padecen 20 millones de personas en el
mundo, es el agotamiento de las células pancreáticas encargadas de producir
insulina, la "llave" que permite el ingreso de glucosa en los tejidos y les
brinda la energía.
Hace alrededor de 23 años, el doctor Bob Elliott le dio esta explicación al
papá de Simon Collinson, un chiquito de dos años al que acababa de
diagnosticar como diabético.
"Le expliqué que tendría que inyectarse insulina toda la vida, y lo primero
que me dijo fue esto: «¿Y no podemos ponerle células nuevas?» -recordó hace
unos días, durante una visita a la Fundación Barceló, en Buenos Aires, que
está desarrollando una unidad especializada en esta enfermedad-. Le contesté
que era muy difícil y que sería muy caro. Entonces, el señor Collinson me
dijo: «Yo tengo mucho dinero y quiero que haga esa investigación»."
La oferta fue un espaldarazo decisivo para los estudios de este diabetólogo
pediátrico, que desde dos décadas antes venía intentando reemplazar los
islotes pancreáticos dañados.
"He estado investigando en este tema durante casi 50 años -afirmó-. En los
Estados Unidos trabajé con un grupo que estaba interesado en reemplazar las
células muertas por células humanas, y resultó que es posible, pero se
necesitan dos o tres donantes por cada paciente, de modo que eso lo restringe
tremendamente. El otro problema es que hay que utilizar drogas para suprimir
el rechazo inmunológico. Para la diabetes pediátrica, esas drogas serían
peores que la enfermedad. Entonces, le dije a Collinson: «Si realmente va a
funcionar, olvídese de las células humanas. Nunca habrá suficientes. Tratemos
con células animales»."
Fue así como Elliott pasó a encabezar uno de los grupos que en el mundo
intentan controlar la diabetes utilizando xenotrasplantes: en su país y en
Rusia, está ensayando reemplazar las células pancreáticas dañadas con otras
provenientes de cerdos: "Son muy similares a las nuestras -dice-. Son
omnívoros. Sus niveles de azúcar en sangre son prácticamente iguales a los de
los seres humanos y hemos usado insulina porcina durante décadas."
La investigación lo llevó de la Universidad de Auckland, en su país, a una
compañía privada, donde logró aislar y encapsular (para evitar el rechazo)
islotes pancreáticos de cerdos libres de gérmenes de menos de siete días de
vida, que luego inyecta en pacientes que no responden a los tratamientos
habituales. Lleva tratadas a 13 personas.
"Pasamos mucho tiempo perfeccionando la tecnología -explicó-. El gel [que
encapsula las células, llamado alginato] tenía que estar absolutamente libre
de contaminantes, y debía ser muy parejo. Sabíamos que funcionaba en ratones,
en perros, en conejos y en monos diabéticos, pero para probarlo en seres
humanos teníamos que contar con cerdos absolutamente libres de gérmenes. Era
muy difícil, pero tuvimos la suerte de encontrarlos en Auckland, una isla
deshabitada cercana a la Antártida. Los había dejado allí un barco británico
en 1806 y se habían reproducido en aislamiento, sin ningún tipo de infecciones
porque habían vivido 200 años en un medio ambiente muy frío, muy crudo.
Pusimos algunos en un ambiente estéril, donde se monitorea constantemente la
presión y se vigilan rigurosamente la comida y el agua."
Según explicó Elliott, obtiene alrededor de 50.000 islotes de cada cerdo e
inserta por laparoscopia (pequeña incisión) abdominal alrededor de 10.000 por
kilogramo. "Los vertemos en el espacio que rodea el intestino y el estómago
-detalló-. Allí se adhieren al exterior de los órganos y empiezan a fabricar
insulina alrededor de dos meses más tarde. Es un procedimiento muy simple que
sólo toma diez minutos."
En general, si bien los pacientes no pueden prescindir de las inyecciones
de insulina, el tratamiento parece reducir las fluctuaciones violentas de
azúcar en sangre. "Los que estamos estudiando fueron seleccionados entre
quienes, a pesar de contar con los mejores médicos y tratamientos, no logran
estabilizar su glucemia -contó-. El primero era un comerciante que, sin ningún
síntoma de hipoglucemia, tenía convulsiones y quedaba inconsciente."
Para Juan José Gagliardino, investigador del Conicet y director del Centro
de Endocrinología Experimental y Aplicada, que no participa en esta
investigación, tanto el trasplante de células humanas o porcinas, como la
inyección de células madre están en estudio, pero aún no fueron probados. "Hoy
hay alternativas que están en vigor y son eficientes, lo que no justifica
exponerse a algo que puede ser un riesgo -afirma-. Para casos extremos, el
trasplante combinado de riñón y páncreas es el que tiene más respaldo en todo
el mundo. El islote humano y el encapsulado vienen más atrás, pero tienen la
enorme dificultad de que no es fácil mantener la cápsula. Y las células madre
no hacen lo que a uno le da la gana, sino lo que les da la gana a ellas."
Ahora, según un comunicado del Ministerio de Salud de la provincia de
Buenos Aires, un equipo encabezado por el doctor Adrián Abalovich estudia la
posibilidad de implementar esta tecnología en el país, en el hospital
provincial Eva Perón, de San Martín.