Geogina Elustondo, en Clarín, Entre mujeres. com, 15.04.2010 comenta
sobre
Automedicación y el aumento del uso indebido de psicofármacos en la Argentina
El fenómeno fue bautizado como la "medicalización de la vida cotidiana". El
psicotrópico es consumido no como remedio sino como una pastilla para el
estilo de vida, para aliviar malestares de la vida actual.
Lo receta el médico, lo recomienda una amiga, lo convida un compañero
cuando el estrés convierte a la oficina en un día de locos. Lo sugiere un
conocido cuando se entera de que un viaje en avión nos tensa más de lo
razonable, lo ofrece mamá o la suegra cuando contamos que acarreamos alguna
noche de insomnio y hasta nos tientan con sus "bondades" en el gimnasio cuando
alguien escucha que nos falta energía para cumplir la rutina diaria... "Tomate
ésto", apuran, "te va a hacer bien". La solución mágica, inmediata en la punta
de la lengua de buena parte de los argentinos de clase media y alta, es un
psicofármaco.
Sedantes, estimulantes, ansiolíticos, tranquilizantes, antidepresivos.
Según un flamante estudio cualitativo de la Secretaría para la Prevención de
la Drogadicción y la Lucha Contra el Narcotráfico (Sedronar), el creciente uso
indebido de psicofármacos en Argentina se enmarca en un preocupante "fenómeno
de medicalización de la vida cotidiana", que estimula la automedicación y
multiplica el número de potenciales adictos.
La investigación ajustó la mira sobre las representaciones sociales en las
que se apoya el consumo de psicofármacos en el país. "Exploramos los
imaginarios sociales en torno al concepto de calidad de vida y su cada vez más
frecuente vinculación con cierto tipo de drogas y medicamentos, conocidos en
Estados Unidos y Europa como lifestyle medicines", apunta la socióloga Cecilia
Arizaga, al frente del estudio.
"Se están medicalizando mucho los problemas cotidianos y hasta la vida
misma. Angustias y malestares que antes no pasaban de allí hoy se medican.
Ante la mínima molestia, la respuesta inmediata es tomarse un psicofármaco",
dice. "El psicotrópico se ha banalizado: abandonó la categoría de medicamento
para ser pensado y consumido como una pastilla para el estilo de vida, que
proporciona al sujeto un alivio rápido a las condiciones de molestia y
malestar que acarrea la vida actual en los diferentes ámbitos (laboral,
social, afectivo)"
Las estadísticas son elocuentes. Relevamientos de INDEC-Sedronar arrojan
que más del 10% de las personas de entre 16 y 65 años, el 8% de los
universitarios y el 4,4% de los estudiantes secundarios usan sedantes o
estimulantes sin prescripción médica. "Es todavía más grave, porque esos datos
hablan del consumo sin receta y hay muchos que, aún accediendo a los
psicofármacos por indicación médica, los usan indebidamente. La cifra es aún
mayor", asegura Diego Alvarez, director del Observatorio de Drogas de Sedronar.
"Argentina es el único país latinoamericano en el que la primera droga,
después del tabaco y el alcohol, no es la marihuana sino el psicotrópico",
sorprende.
Según los expertos, el fenómeno de "medicalización de la vida" está
asociado a la subjetividad contemporánea actual. "Tiene que ver con el ideal
de sujeto proactivo, obligado constantemente a mejorar su perfomance y a estar
siempre a la altura de las circunstancias -explica Arizaga-. Es un signo de
época: la presión por la autosuperación, la sensación de que siempre hace
falta más. Se medicaliza para el superhéroe", advierte.
Además de entrevistar a adultos de clase media, los investigadores se
reunieron con médicos para conocer su perspectiva sobre el problema, porque
"hay un consumo indebido planteado también desde el campo médico", dice
Alvarez. "La intención no es culpabilizarlos -aclara Arizaga-. Encontramos que
no hay consenso respecto a quién tiene el espacio legítimo para prescribir
psicotrópicos: ¿el psiquiatra, el clínico, el gastroenterólogo, el cardiólogo?
Entre los mismos médicos aparece la necesidad de discutir este tema. Ellos
también demandan una regulación que defina lo debido y lo indebido y los
libere de su criterio personal".
Aunque la ley establece que los psicotrópicos deben venderse bajo receta,
según la Sedronar "gran parte del consumo se resuelve sin prescripción y otra
gran parte se da en el marco de una relación insuficiente con el profesional".
Es decir: aún en los casos donde hay un seguimiento por parte de un médico,
"el criterio sobre cuándo y por qué medicar con psicotrópicos no parece estar
formalmente instituido".
Los investigadores encontraron mucha prescripción sin
seguimiento-tratamiento: aparece la figura del médico recetador o médico
amigo, que se limita a hacer la receta. "Así surge una medicación
autorregulada por el el paciente: Yo gradúo lo que tomo. Es muy frecuente",
dicen.
"Muchos llegan al consultorio con autodiagnóstico y enseguida piden un
psicotrópico. Si el médico les pide tiempo, no vuelven", dice Arizaga. "La
gente no se banca el sufrimiento ni el malestar. Ya no se trata de curar
enfermedades: piden que les saquen, y rápido, hasta una mínima molestia. Esa
filosofía ha banalizado la medicación".