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Leemos en LA NACION, un artículo escrito por Nora Bär, sábado 12 de
febrero 2011: “Detectan señales del trastorno de déficit de atención desde la
cuna”. Un estudio con chicos hasta 7 años.
Tiene componentes genéticos y ambientales, pero bien diagnosticado puede
controlarse
La escuela es uno de los ámbitos en donde suele manifestarse el trastorno
de déficit de atención
Casi todos los sufridos familiares de chicos muy inquietos alguna vez lo
temieron. Pero aunque la popularización del término haya colaborado en que
padres y maestros se confundan, no cualquier chico movedizo tiene síndrome de
trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
"Es importante saber que no todos los pequeños que tienen problemas en la
escuela lo padecen -aclara la doctora Andrea Berger, investigadora nacida en
Buenos Aires, pero residente en Israel-. Este cuadro está definido por
problemas específicamente en el control de la atención; es decir que son
chicos que se orientan demasiado a cosas que podríamos calificar como
irrelevantes. Algunos tienen solamente trastornos de atención, y otros,
también hiperactividad. Lo más común es el síndrome combinado, con variaciones
individuales, ya que no hay dos chicos iguales."
Después de emigrar con su familia a Israel en 1977, Berger decidió hacer la
licenciatura en psicología y en ciencias de la computación, y luego se doctoró
en la Universidad Ben-Gurion del Negev, donde investiga actualmente. Desde
hace casi una década tiene trabajos científicos en colaboración con el padre
de los estudios de la atención, Michael Posner.
Por estos días, Berger está de visita en el país, entre otras cosas, para
dar una charla en la Universidad de San Martín (informes en www.unsam.edu.ar )
sobre un estudio realizado con cuatro colegas (todas mujeres) de su
universidad y de la maternidad del Hospital Universitario de Beer Sheva, el
primero que analizó longitudinalmente, desde el nacimiento hasta los siete
años, los múltiples aspectos que originan, se asocian, identifican y permiten
pronosticar el TDAH en los niños.
"Enrolamos a alrededor de 200 familias y llegaron al final más de cien
-cuenta-. Los estudiamos desde bebes, cuando tenían dos años, tres, cinco...
hasta los siete. Analizamos el desarrollo desde distintos enfoques: genéticos,
educativos, cognitivos, familiares, buscando las marcas más tempranas del
trastorno y también los factores predisponentes para hacer predicciones.
Tenemos más información de la que uno puede analizar en su vida, pero salieron
cosas muy interesantes."
Uno de los datos más importantes, según Berger, es que las variables
principales que midieron en los chicos cuando eran muy pequeños son
predictivas.
"Se sabe que el TDAH tiene un componente hereditario, pero la pregunta es
qué -explica-. Un chico varón de un papá que tiene trastorno de la atención
presenta alrededor de un 60% de posibilidades de expresarlo. Pero la
transmisión familiar no es toda genética, en parte también ocurre a través de
la crianza."
Dentro del ambiente, descubrieron las científicas, una de las cosas que
predisponen al TDAH es el caos, la desorganización, falta de predictibilidad.
Pero el análisis no es tan sencillo, porque todos los factores en juego
afectan de forma interactiva. "Por supuesto que a un chico que no tiene
ninguna predisposición genética, tener una familia desorganizada no le causará
problemas de atención -subraya la investigadora-. Pero si se combinan los
factores genéticos, los conductuales, una forma de crianza más negativa, las
posibilidades aumentan."
Otro hallazgo significativo fue que en los bebes del grupo de riesgo ya se
podían advertir diferencias. "En el nivel neurológico, ya había diferencias en
la madurez de la autorregulación -detalla Berger-. Por ejemplo, al llorar,
tardaban más en tranquilizarse, costaba más calmarlos. Sometiéndolos a una
prueba en que los frustrábamos (les dábamos un juguete y después lo poníamos
detrás de una pantalla transparente, por ejemplo), a los dos o tres años, la
ira de los chicos en riesgo era menos eficiente. Amaban un berrinche. También,
detectamos que dormían en forma más irregular."
En una de las pruebas que realizó su equipo, la doctora Berger midió la
actividad cerebral de los chicos cuando estaban haciendo una tarea cognitiva
en la que ponían en juego mecanismos de inhibición (se les daba la indicación
de no hacer algo). "Aunque los resultados son preliminares, sugieren que estos
chicos no consiguen reclutar las zonas cerebrales necesarias para esa clase de
función, tienen hipoactividad de esas áreas neuronales", explica.
Estas y otras conclusiones ayudarán a ajustar el diagnóstico y tratamiento
del TDAH. La buena noticia es que ya hay un número de estudios que indican
que, en ese caso, si la medicación está bien indicada, tiene un fuerte impacto
positivo. "Muchos chicos la toman durante la niñez y luego van aprendiendo a
hacer compensaciones -dice Berger-. Es exactamente como si necesitaran
anteojos. Estos trabajos sirven para desmitificar las preocupaciones
familiares. Una consulta temprana puede ahorrar muchos dolores de cabeza al
chico y a la familia."
La alerta, la orientación y el control:
Según explica el doctor Sebastián Lipina, investigador de la Unidad de
Neurobiología Aplicada de Cemic y el Conicet, y del Centro de Investigaciones
Psicopedagógicas Aplicadas de la Unsam, hay tres niveles en el desarrollo de
la atención: la alerta, la orientación y el control.
Precisamente, otro trabajo de la doctora Andrea Berger, realizado con
Michael Posner, mostró que los circuitos de control ya están "en funciones"
muy temprano en la vida. Ellos pudieron detectarlos en bebes de entre seis y
nueve meses.
"Uno de los aspectos principales de los sistemas de control de la atención
es la detección de errores -explica Berger-. Tenemos un circuito cerebral que
reacciona cuando está ante una equivocación."
Para su estudio, la científica sometió a los bebes a una prueba sencilla,
mientras tenían electrodos colocados en la cabeza."Utilizamos títeres del
tigre de Winnie the Pooh -explica-. Poníamos uno, luego bajábamos una pantalla
y a continuación aparecía una mano con otro que colocaba detrás de la
pantalla. Luego levantábamos la pantalla y los bebes veían uno o los dos
tigres. Cuando medimos en milisegundos la función cerebral de los bebes,
pudimos comprobar que en ellos se activaba la misma localización del cerebro
(el cingulado anterior) que en adultos a los que se les presentaban ecuaciones
cuyos resultados estaban errados. Esto muestra que en los bebes uno ya
encuentra el principio de ese mecanismo."
Los últimos conocimientos científicos sobre la atención están desarrollados
en un libro de la doctora Berger que está próximo a ser publicado por la
American Psychological Association.