Viernes 5 de marzo 2010 La
Nacion informa Nora Bär:
Síndrome Stargardt /
Primera reunión de pacientes con baja visión . Un trastorno visual que
desorienta
Se
desencadena generalmente en la niñez; muchas veces, el diagnóstico certero se
demora hasta seis años
"¿Qué pasa?
¿Vas a ser el único nene raro que no ve con ningún lente que le pruebo? ¿Qué:
sos especial?"
Felipe, de
apenas ocho años, hacía pucheros ante la oftalmóloga, que lo miraba fijo
mientras sospechaba de la veracidad de los problemas de visión que referían
sus padres.
"Fue
espantoso", dice hoy, cinco años más tarde, Flor Braga Menéndez (la mamá de
Felipe Calmet), directora de Museos de la Ciudad de Buenos Aires, conocida
galerista y una de las impulsoras, junto con Liliana Spagna (mamá de Carolina
Belén Oliveto), de la Asociación de Padres de Niños con Enfermedad de
Stargardt. El trastorno, un extraño síndrome descripto por primera vez en
1909, se manifiesta por daños puntuales en la retina, que ocasionan la pérdida
progresiva de la visión.
Dada su
baja incidencia, las personas que padecen esta enfermedad hereditaria causada
por la mutación de un gen (el ABCA4), suelen vagar años de médico en médico
hasta que logran dar con un diagnóstico certero. La enfermedad es autosómica
recesiva; es decir que la mutación debe heredarse de ambos padres para que el
trastorno se exprese.
"Aquella
especialista -recuerda Braga Menéndez- me dijo dos cosas: que tenía que hacer
una consulta con el psicólogo y que tenía que hacer gimnasia visual, estar al
aire libre y ver lejos. Fue tremendamente frustrante."
La historia
de Felipe, que acaba de ingresar al Colegio Nacional de Buenos Aires y es un
excelente jugador de ping-pong, se parece a la de muchos otros. Carolina tenía
10 años cuando empezó a usar anteojos. Un verano, se le rompieron y cuando fue
a pedir una nueva indicación se encontró que ningún aumento le permitía ver.
"El médico me probaba y yo le decía: «No, doctor. Yo no veo» -cuenta-. Me
hicieron estudios de resonancia magnética, potenciales evocados... Cuando todo
dio bien, dijeron que no era un problema neurológico; óptico, tampoco...
Quedaba el psicológico. Hasta que me indicaron una retinofluorescencia, y ahí
se dieron cuenta. Pero el médico dijo: «Hay que descorchar un champagne porque
esto es un caso en un millón». Mi mamá lloraba, pero yo estaba feliz porque,
finalmente, pude demostrar que no mentía."
Agrega
Liliana: "¿Y ahora qué hago? No me olvido nunca: fue el 14 de octubre de 2004.
Yo iba llorando por la calle y ella, feliz".
Agustina
Serrano (17) está en quinto año y quiere ser ingeniera, pero tiene problemas
de visión desde los siete años. "Me llevaron a diez oculistas y todos me
decían que mentía, que mis ojos estaban bien -recuerda-. Me hicieron mil
estudios neurológicos; tenía que faltar al colegio. Hasta que nos rendimos."
Algo
similar les ocurrió a Luciana Lavalletto Kornmann y a Leonardo López. Ambos
llegaron a este grupo recientemente, formado después de luchar durante años
contra la incredulidad y el desconocimiento.
"Las
personas con síndrome de Stargardt suelen confundir a quienes los conocen
porque se adaptan muy bien a su situación y aprenden a usar la región
periférica del ojo -dice Braga Menéndez-. No es ceguera, pero no pueden leer
los nombres de las calles, el número de los colectivos ni el subtitulado de
las películas."
Esta
discapacidad les juega en contra, no sólo a la hora de desplazarse por la
ciudad, sino también cuando se trata de estudiar y trabajar. "Yo, por ejemplo,
a veces veo cosas muy chiquitas, como el ojo de una aguja, pero me duele
terriblemente la frente si tengo que leer mucho", dice Luciana. Leonardo
confiesa que ve muy mal de cerca y de lejos: "Veo que viene algo, pero no sé
si es un colectivo, un camión u otra cosa".
Mañana,
Flor, Agustina, Luciana, Carolina, Liliana, Felipe y Leonardo se reunirán con
unas dos decenas de enfermos de Stargardt o familiares, y alrededor de medio
centenar de personas con baja visión en el primer encuentro de dos
asociaciones que los agrupan. "Queremos darle visibilidad a este trastorno
porque hay chicos y grandes que están pasando por la angustia que sentimos
nosotros de estar aislados y sin rumbo -dice Braga Menéndez-. Tenemos que unir
fuerzas para pedir una normativa que contemple este tipo de discapacidad,
acceder a la última información disponible sobre el tema, producir
dispositivos que los ayuden a leer a precios asequibles para todos y ayudar a
buscar una cura."
Para unir
fuerzas Informes: info@stargardt.com.ar,
15-3429-5472.
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